Merche Alcalá, diseñadora de interiores, espacios comerciales y producto, ha construido una trayectoria marcada por la capacidad de transformar ideas en experiencias tangibles con impacto real en las marcas. Tras iniciar su carrera en el mundo de la decoración y el diseño de interiores, en 2007 fundó el estudio M Barcelona junto a Marion Donneweg y Mireia Roda. Más adelante, en 2019, creó mA_ Barcelona, especializado en diseño de producto. Desde este estudio impulsó, junto al restaurante Disfrutar de Barcelona (3 estrellas Michelin y elegido mejor restaurante del mundo en 2025), el proyecto Table M#01: una mesa concebida como parte activa de la experiencia gastronómica. Dotada de cajones ocultos y sistemas magnéticos, la pieza convierte el momento gastronómico en una experiencia inmersiva y dinámica que amplía los límites tradicionales del mobiliario y la restauración.
En el Día C, Alcalá conversó con Guille Viglione, fundador y director creativo de Dimensión LADV y LaCrème, sobre el origen y desarrollo de este proyecto, cuyo proceso creativo ha quedado recogido en un cortometraje documental dirigido por el propio Viglione. La charla giró alrededor de “las ideas que se pueden tocar” y de “la creatividad que genera negocio”. Viglione abrió el encuentro reflexionando sobre el contexto creativo actual: “Nunca ha habido tantas ideas y nunca han sido tan poco consistentes. Historias que se difuminan ante una audiencia con crisis de atención”. Frente a ello, destacó el valor del trabajo de Alcalá: “Haces cosas que se tangibilizan y consigues que se mantengan y generen valor y beneficio”.
La importancia de la insolencia
Alcalá reivindicó durante la conversación la importancia de la intuición, la insistencia y cierta “insolencia” creativa como motores fundamentales de la innovación. “Hay que tener un poco de insolencia para creer que puedes hacer todo lo que se te ocurre”, afirmó al recordar el complejo proceso para sacar adelante la mesa de Disfrutar. Explicó que, cuando presentó la idea a los propietarios del restaurante, “al principio se quedaron un poco perplejos”, pero que gracias a “la insistencia y la tenacidad” el proyecto terminó materializándose. También recordó cómo defendió públicamente el concepto durante Madrid Fusión: “Si siempre estáis buscando romper los límites, ¿por qué no intentarlo también en el mueble y en el objeto donde servís vuestras creaciones?”. La diseñadora subrayó además que Table M#01 es solo el inicio de una línea de trabajo más amplia: “La mesa es una de las muchas aplicaciones que tengo en mi cabeza, por eso se llama #01”.
Viglione definió a Alcalá como alguien capaz de convertir ideas en herramientas estratégicas para las marcas: “Más que una diseñadora de interiores y de producto industrial, eres alguien que convierte las ideas en cosas que tienen impacto en la marca que te contrata”. A partir de ahí, le preguntó por su método creativo. La respuesta de Alcalá volvió a poner el foco en la necesidad de cuestionar lo establecido: “Soy de la secta Lego desde pequeña y siempre he pecado de ser muy infantil. Algo que a la larga me ha dado mucho juego”. Para ella, “hay que ser un poco irresponsable”, porque “es la única manera de cuestionar lo obvio”. También lanzó una idea que atravesó toda la conversación: “No te autocensures antes de empezar”.
Proyectos
La charla repasó además algunos de los proyectos más emblemáticos de su carrera. En Happy Pills, una tienda de golosinas convertida en una peculiar “farmacia emocional”, el equipo apostó por eliminar límites creativos y resignificar completamente el producto. “Nos dimos cuenta del gran potencial de juntar mentes estropeadas”, recordó Alcalá sobre aquel proyecto nacido en 2010, mucho antes de la proliferación de este tipo de franquicias. El concepto transformaba la compra de golosinas en una experiencia emocional mediante una estética casi hospitalaria y mensajes humorísticos para “curar los lunes”, “buscar pareja” o “combatir males humanos”.
También hablaron de Eyescream, un proyecto nacido de un problema aparentemente simple: la mala presentación visual de un helado taiwanés. Alcalá explicó cómo algo tan sencillo como añadir un par de botones de azúcar con apariencia de ojos transformó el producto en un personaje reconocible y lleno de humor. El helado “miraba a los ojos mientras el cliente lo consumía”, generando una conexión emocional inmediata. A ello se sumó un packaging funcional, económico y visualmente sofisticado que reforzaba la experiencia de marca.
El encuentro concluyó con la proyección del documental sobre Table M#01 y una última reflexión sobre el verdadero valor del proyecto. “La mesa no es la idea, es lo que está debajo de ella”, señaló Alcalá. “La performance que se hace con esa herramienta, con el diseño de esa mesa”. Más allá del objeto físico, el proyecto ha demostrado cómo el diseño puede convertirse en un motor de negocio: la experiencia asociada a esta mesa exclusiva tiene un precio un 30% superior al del resto de mesas del restaurante. Una prueba de que a veces hay ideas que no solo emocionan, sino que también pueden generar valor económico.