El director creativo ejecutivo Alvin Cruz ofreció en el Día C una intervención en la que habló sobre la relación entre creatividad, narrativa visual y tecnología, repasando su propia trayectoria profesional: un camino marcado por la curiosidad, el aprendizaje constante y la capacidad de adaptarse a cada nueva herramienta sin perder nunca la mirada creativa. 

Actualmente Executive Creative Director en Prettybird y Ventureland, Cruz ha desarrollado una carrera internacional trabajando entre Madrid, Londres, Nueva York y Los Ángeles para grandes marcas y estudios audiovisuales. Especializado en efectos visuales, ha colaborado con marcas como Apple, Nike, Adidas, Meta o Coca-Cola, integrando nuevas tecnologías e inteligencia artificial en procesos creativos y de producción. 

De Cuenca a Los Ángeles 

Cruz comenzó compartiendo una historia personal sobre sus inicios. Recordó cómo crecer en Cuenca, cerca de un centro de transmisiones de televisión, le permitió descubrir canales extranjeros y quedar fascinado por la estética visual de MTV, una influencia que marcaría definitivamente su imaginario creativo. 

“Era muy creativo, pero muy mal estudiante”, bromeó al recordar su adolescencia, marcada por noches viendo películas en Cine Club de TVE y consumiendo cine de videoclub compulsivamente. Aquella pasión audiovisual contrastaba con una trayectoria académica irregular: “Hice cuatro veces segundo de BUP”. 

Tras sufrir un accidente de tráfico que supuso un punto de inflexión en su vida, decidió apostar definitivamente por el mundo de la imagen. Aunque intentó entrar en Bellas Artes y fue rechazado porque, según le dijeron, “no tenía capacidad artística”, utilizó el dinero del seguro para trasladarse a Madrid y estudiar cine. 

Allí comenzó una etapa de aprendizaje acelerado. Compró su primera cámara profesional, realizó cursos de postproducción y empezó a trabajar grabando vídeos corporativos e institucionales. Aquellos primeros proyectos le permitieron asistir a la primera conferencia de Amazon en España o participar en la creación del primer vídeo de seguridad realizado para una aerolínea española. 

La importancia de los mentores y de aprender mirando 

Uno de los temas centrales de la ponencia fue la importancia de la observación y del aprendizaje continuo. En este sentido, Cruz recordó a su compañera Ana Cortés, con quien puso en marcha el proyecto artístico Campin, y comentó que, gracias a ella, había podido descubrir el mundo de los efectos visuales. 

“Aprendí la importancia de tener un mentor”, explicó. Fue entonces cuando comenzó a trabajar con Flame, uno de los programas pioneros de composición digital, participando en campañas emblemáticas como el célebre anuncio del calvo de la Lotería de Navidad. “Ana me enseñó a sintetizar la imagen para aplicarla a una composición. Ver para crear”, resumió. 

Su carrera continuó en estudios de postproducción donde aprendió nuevos softwares y amplió su dominio técnico, desde la edición y composición digital hasta herramientas de animación y programación visual. Paralelamente, siguió rodando piezas y campañas publicitarias que le abrieron nuevas oportunidades internacionales. 

Londres, Nueva York y la cultura visual 

El siguiente gran salto fue Londres, ciudad que definió como “la capital de los efectos visuales”. Allí trabajó en The Mill, uno de los estudios más prestigiosos del sector, conocido por trabajos cinematográficos como Gladiator. 

A partir de entonces llegaron videoclips, campañas globales y proyectos para compañías como Cirque du Soleil. Posteriormente se trasladó a Los Ángeles, donde amplió sus conocimientos en integración 2D y 3D y comenzó a supervisar rodajes internacionales. 

Más tarde viviría también en San Francisco y Nueva York, etapas que definió como fundamentales para construir su cultura visual. En Nueva York trabajó en proyectos para HBO y colaboró con celebridades como Sarah Jessica Parker o el director visual Timothy Saccenti. “Mi vida ha sido ver para crear. Meterme en muchos frentes distintos para aprender”, afirmó. 

La IA como herramienta, no como sustituto 

La parte final de la intervención estuvo centrada en la inteligencia artificial y en cómo ha transformado su manera de trabajar en los últimos años. 

Cruz explicó que comenzó a experimentar con machine learning cuando todavía muy poca gente utilizaba IA en procesos creativos y audiovisuales. Sin embargo, dejó claro que el verdadero valor no reside en la herramienta, sino en la capacidad humana para dirigirla. “Trabajar con IA generativa consiste en guiarla, en estructurar la comunicación. Ahí es cuando todo lo que hemos vivido y aprendido cobra aún más valor”, señaló. Para él, la experiencia acumulada, el criterio visual y la sensibilidad creativa son hoy más importantes que nunca. “Llegar a estas herramientas desde la experiencia nos permite obtener resultados mucho más ricos y avanzados”. 

Lejos de plantear la IA como una amenaza, defendió su potencial para agilizar procesos y abrir nuevos caminos narrativos, siempre que exista detrás una intención creativa sólida. 

La ponencia concluyó con una reflexión que resumió perfectamente su trayectoria: “Todo lo que hemos aprendido sirve para llegar a algún sitio. Y si algo he aprendido en este camino es que cuanto más veas, más podrás crear”.