Sherina Florence es fundadora y Chief Creative Architect de IABM, un estudio de inteligencia creativa que trabaja en la intersección entre cultura, tecnología y comportamiento humano. Desde allí impulsa la transformación de agencias y marcas mediante el uso de IA generativa, sistemas de autoría basados en blockchain y modelos de pensamiento creativo aplicados a la innovación cultural.
A lo largo de su trayectoria ha colaborado con redes y plataformas como Dentsu, SuperVision y SPARK Futures, además de trabajar para marcas como Apple, Beats, Instagram, Reebok, Dove o Vaseline. Un recorrido que ha consolidado un perfil híbrido entre dirección creativa, arquitectura de sistemas y estrategia cultural.
En el Día C 2026 ofreció una ponencia centrada en el impacto de la inteligencia artificial en la creatividad contemporánea, una reflexión que resumió con una idea contundente: “No necesitamos más contenido, necesitamos más conciencia”.
La era del “enmarañamiento”
Florence describió el momento actual como una etapa de “enmarañamiento”, un contexto donde la velocidad y la sobreproducción de información dificultan distinguir el sentido real de las cosas. “Vivimos en la era de la estupidez”, afirmó, refiriéndose a una cultura digital que consume y replica contenidos sin cuestionar la intención que hay detrás de ellos.
Según explicó, la IA no crea inteligencia por sí sola, sino que amplifica aquello que ya existe: “Puede escalar tanto las ideas brillantes como las incoherentes”. Para ilustrarlo mostró ejemplos de respuestas absurdas generadas por inteligencia artificial —desde recomendaciones de libros inexistentes hasta consejos peligrosos— y advirtió sobre los riesgos de utilizar herramientas extremadamente potentes sin pensamiento crítico ni conciencia.
Del prompting automático al pensamiento estratégico
Uno de los ejes centrales de su intervención fue la necesidad de superar un uso superficial de la IA. “Tenemos que salir del prompting simplista”, señaló. A su juicio, la mayoría de los usuarios emplean herramientas como ChatGPT del mismo modo en que utilizaría un buscador, desaprovechando gran parte de su potencial estratégico y creativo.
“Más del 80% de las personas no saben realmente cómo trabajar con la IA”, aseguró. “Nunca han estructurado sus prompts ni tratado de generar o comprender esa arquitectura de la IA”, añadió. Frente a ello, defendió una aproximación más sofisticada, basada en comprender la arquitectura de los sistemas y en diseñar prompts estructurados y coherentes.
Para Florence, “un prompt es una estrategia comprimida”. Por eso propuso un marco de trabajo basado en cinco fases:
-Rol: definir nuestro escenario y cuál es el papel de la IA en ese contexto.
-Contexto: establecer qué información necesita la herramienta.
-Tarea: concretar qué debe hacer exactamente la IA.
-Directrices: fijar criterios y límites claros.
-Resultado: decidir cómo debe estructurarse la respuesta.
Más allá de la tecnología, defendió que este modelo puede aplicarse también a la vida personal y profesional: “La IA debe ser nuestro espejo, no nuestro maestro”.

Reducir el ruido y recuperar la señal
Otro de los conceptos clave de la ponencia fue la necesidad de “reducir el ruido y restaurar la señal”. Florence sostuvo que vivimos en un entorno dominado por sistemas probabilísticos y flujos constantes de información, donde la claridad estratégica se vuelve esencial.
En este contexto presentó varios proyectos vinculados al archivo, la memoria y la preservación cultural. Entre ellos destacó una iniciativa basada en blockchain para conservar y proteger relatos históricos de la comunidad negra, surgida tras reflexionar sobre la fragilidad de la memoria colectiva y sobre cómo determinadas narrativas pueden desaparecer o ser manipuladas. “Lo importante es estar al mando, tener el control y saber eliminar el ruido. Tenemos que asegurarnos de aportar todas nuestras habilidades y conocimientos artísticos y estratégicos. Podemos emplear la IA para hacer las cosas rápidamente pero siendo coherentes”.
También mostró proyectos como Sneakerface, una plataforma artística que analiza cómo el arte y la cultura visual evolucionan como respuesta a grandes acontecimientos globales. Para Florence, este tipo de archivos culturales tienen el potencial de generar narrativas mucho más duraderas que las campañas publicitarias tradicionales.
La conciencia como herramienta creativa
En el tramo final de su intervención insistió en la importancia de recuperar la conciencia creativa frente a la automatización acelerada de contenidos. “No es que el mundo vaya más rápido; es que se ha vuelto menos lineal. Por eso necesitamos coherencia en el caos”, explicó.
Frente a ello, reivindicó el valor de la intuición, la artesanía y la creatividad humana: “Estamos perdiendo tradiciones y narrativas por culpa de la velocidad”. También animó a la comunidad creativa a construir sus propias herramientas y a utilizar la IA no para replicar fórmulas vacías, sino para amplificar ideas con sentido.
Su mensaje final fue una llamada a utilizar la tecnología desde la intención y la responsabilidad: “No uséis la IA para amplificar la estupidez. Utilizadla para revelar vuestra imaginación. El mundo no necesita más contenidos, necesita más conciencia”.