La directora de escena, dramaturga y creadora escénica Marta Pazos ofreció en el Día C una intervención profundamente sensorial en la que reivindicó la escena como un espacio emocional y el color como un lenguaje fundamental para construir experiencias.
Con una trayectoria marcada por la experimentación y la hibridación de disciplinas — teatro, artes plásticas, color y composición—, Pazos invitó a entender la creatividad como un proceso abierto, intuitivo y conectado. “Siempre empiezo con algo que me golpea: una imagen, una forma, un concepto. No voy detrás de nada, dejo que las cosas me encuentren”, señaló en un vídeo que proyectó para iniciar su ponencia, para defender la importancia de la contemplación frente a la imposición.
A través de un recorrido por sus trabajos y su propia evolución artística, mostró cómo su universo creativo se construye desde la intersección de lenguajes y materiales. Para ella, todo está conectado: “Las obras son como árboles que forman un bosque. Cada error, cada hallazgo, cada misterio forma parte del proceso”. Una mirada que se materializa en una escena donde la escenografía dialoga con la instalación, el teatro con la danza, la ópera con la pintura y las texturas con los silencios.
Uno de los ejes centrales de su discurso fue el color como herramienta narrativa y emocional. A través de una pantonera simbólica, repasó su trayectoria vital y creativa: desde el gris de su infancia en Pontevedra —marcada por la tensión entre progreso y pérdida de lo natural— hasta la explosión cromática que define hoy su trabajo. Un tránsito que refleja también su evolución artística: de la pintura —donde exploró lo performativo, los materiales y el universo femenino— al teatro, disciplina que descubrió tras su participación en un taller de La Fura dels Baus y que acabaría convirtiéndose en su principal medio de expresión.
Desterrar el negro
Pazos relató cómo decidió abandonar la pintura para fundar su propia compañía, iniciando un camino que la llevó del teatro más experimental a grandes escenarios. En ese recorrido, el color fue ganando protagonismo hasta convertirse en una seña de identidad. “Quise desterrar el negro de la caja escénica”, recordó, apostando por espacios vibrantes donde la experiencia visual alcanzara a todo el público.
Entre los ejemplos mostrados, destacó su trabajo en el Teatro Romano de Mérida, donde reinterpretó la figura de Safo desde una mirada contemporánea, desmontando los relatos históricos que han distorsionado el papel de las mujeres creadoras. “Para mí es muy importante reestablecer esos errores de la historia que hacen ver que las mujeres artistas que son referentes siempre están vinculadas con la soledad, la enfermedad o alguna historia tormentosa”, apuntó. También exhibió sus montajes sobre textos de Federico García Lorca, en los que el uso del color —naranja flúor, azul Klein o amarillo— transforma radicalmente la percepción del espacio escénico y rompe los límites tradicionales del teatro. “Mi deseo era ‘romper’ las paredes del teatro”, señaló.
Además, compartió su proceso creativo en la ópera, donde utiliza la pintura como herramienta previa para conectar con la música y construir atmósferas visuales. Para Pazos, la creatividad implica explorar territorios desconocidos, asumir riesgos y dejar espacio a lo inesperado. “La creatividad tiene que ver también con explorar territorios insospechados”.
Para finalizar su intervención, insistió en poner en valor una forma de crear basada en la intuición, la sensibilidad y la conexión entre disciplinas, donde el objetivo no es solo contar historias, sino generar experiencias que transformen la manera de mirar y sentir del espectador.